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viernes, 18 de septiembre de 2009

Juan Martín Del Potro

Nunca entendió mucho de tenis ni de tenistas, pero como en el establishment de la ostentación se siente aburguesada y se maneja con holgura, la blonda diva quiso saber, de chusma nomás, cuanta plata había embolsado el muchacho en el raid de sus victorias deportivas.





Rápido como su drive, el desacatado novato contragolpeó: "no tanto como ganás vos". Juan Martín Del Potro es un atrevido, ya no hay dudas de eso. Si algo tenía que pasar para ratificar aquel adjetivo que se había ganado durante el raquet-tet con Susana, ya pasó. Fue en ese intrépido acto reflejo, en ese picante episodio pre-hazaña que dejó entrever los vestigios de osado y desafiante teenager sin pelos en la lengua con la mentalidad de un potencial campeón.

Y si en un futuro próximo tenía pensado escupir el puré de la Chiqui y sostener parcamente que la rosa rococó le gusta blanca y no rosada para darnos más indicios, que no lo haga, porque con la última consagración la mano viene clara.

A priori uno lo descarta, pero haciendo un minucioso análisis y marginando los contextos, las situaciones se chocan. Se unen en lo sorprendente. Se atraen por un mismo factor: lo inesperado. Juan Martín Del Potro no rompe los libretos, porque ni siquiera los tiene. Porque pese a que su taciturno andar y sus pesarosos movimientos lo fueron menospreciando en los pronósticos cada cambio de balls de cualquier chance importante, no se rindió. Porque con ese distorsionado y craso vozarrón puso en apuros a la desconcertada reina; y con todo su lógico hastío por falta de timming desquició al astro helvético.

Para místicos y escépticos, este argentino en New York sin bigote ni la Oreiro le dio cátedra al uno y al dos; y levantó la copa después de 32 años sin ser de avellaneda. La atlética reencarnación de Fido Dido se encurdó a tope con lubricante bardahl, adquirió la potencia de un fórmula 5 del mundo y con resaca arrasó contra todo lo que se animó a devolverle una pelota. Pavada de tarea para un nene que comía Zucaritas en tazón y se maravillaba con las proezas que el propio Roger realizaba, mientras se alquilaba un puesto en el top ten del planeta. Y basado en eso, no en sacar el tigre que había en él, sino en esa profunda admiración, no resulta rara su desventaja en el inicio de la finalísima. Ni las cuatro derechas en órbita, ni las cinco derrotas en seis enfrentamientos.

Un set y varios games resignó hasta entender que no siempre la pedantería argentina es inútil. Cuando la Torre se animó a sumirse en la confianza de ese passing paralelo que puso en jaque al indefenso y solitario rey, todo fue música para su raqueta. Comenzó a divertirse en el Arthur Ashe, emulando al otro Potro, al cuartetero cordobés, y bailó al cadencioso ritmo de sus hirientes impactos que opacaron el agudo registro del yodel suizo. Hambre, alma y psiquis relajada: Jaque mate.

La sentencia de ésta intrincada partida de ajedrez tiene su explicación en la incesante evolución de la joven mente brillante. Y fue el pico más alto de un certamen que fue mucho más que ese millón de euros. Fue la frustración por arrebatarle el sueño a su coterráneo, fue barrer los restos de un ex número uno del mundo, fue pintarle la cara color desesperanza al frontón español. Fue, sin dudas, mas fácil tocar el cielo con las manos con su 1.95 venciendo al Dios de ésta jurisdicción. El final de un sueño, la independencia de una promesa y el comienzo de una leyenda, que nació cuando ese lungo muchachito de tandil decoró con un tímido revés el paisaje de las sierras, a las que siempre respetó.



viernes, 7 de agosto de 2009

Jean René Lacoste


Porque al fin y al cabo uno puede creer lo que quiere. Todo tiene en su punto de inflexión una explicación o justificación por más ínfima que sea. Pudo haber sido entonces por su obstinada tenacidad al deglutirlos, por el viscoso espíritu sanguíneo que los envolvía en la red de un barnizado set, por ése carnívoro instinto defensivo o por su innata alma ovípara, pero más convence la simple historia de la cartera. Convengamos que por aquel entonces el joven René no era el Mosquetero René, ni siquiera el innovador Jean René, era un intento de rana dando saltos sobre los courts. Por eso convence más la farfulla del bolso. Porque el parisíno no se volvió analítico ni obsesivo hasta que tuvo la posibilidad de practicar el tenis cerca de los 15 años. Tenía mucho talento natural, pero no deportivo. Su quisquillosa fineza para la observación y sus puntillosas anotaciones lo fueron etiquetando con el tiempo como el cuasi tácito meticuloso y exquisito jugador de fondo que fue. Cuatro Copa Davis, tres Internacionales de Francia, dos Wimbledon, dos Forest Hills, una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de París y su posterior capitanía en el team francés avalan el rótulo para este detallista colonizador novedoso. Y tiene más argumento creer que en una gira por Norteamérica, el minúsculo bosquejo de René quedó encandilado por esa lujosa maleta de piel de caimán y aseguró comprarla si ganaba su próximo partido. Tiene coherencia porque encima perdió, porque la burla de sus pares lo atormentó...pero el apodo de "cocodrilo" le calzó a la perfección y a partir de allí su difusión fue fugaz como su carrera tenística. Un cocodrilo verde con la mandíbula abierta sedienta de ace y una cola girada sobre su espalda emulando un revés comenzó a dilucidarse bordado en el atuendo de la nueva deidad tenística de aquellos años: Jean René Lacoste. El instaurador de la tecnología en una red, de la robótica y metódica devolución artificial dejaba entrever vestigios de hombre de "bussines" y prefería abolir esa incómoda camisa por la polo-piqué antes que dedicarse a sumar alguna que otra proeza de smash. Y a partir de allí, la marca encapsuló al jugador y a todas sus inspiraciones. Sus edificadores aires de "gentleman" no le permitieron extender su carrera y tuvo que avocarse de lleno a otros fines. Supo ponerse en la piel del sudor por jugador y esa raqueta de chapa le dio acero de campeón o al revés. Su apática flaqueza no denotaba esa enfermedad que agilizó el trámite del precoz retiro. Paisajista pintón de la Costa Vasca, se refugió con toda su falta de aire cerca de San Juan de Luz, donde su suegro creó un curso de Golf que disfrutó con fruición. Porque al fin y al cabo uno puede creer lo que quiere pero depende sobradamente de los argumentos o alegatos que se expongan. Lo que si está claro es que Lacoste coordinó la mano con el ojo, evaluó los límites y se hizo mi...bi...trillonario gracias a que no durmió ni fue cartera. Y fue por ese insistente achaque bronquial que el heptacampeón reptil dejó de respirar abrazado a sus siete grandes títulos, su campeonato mundial, y esa lujosa maleta de piel de caimán.

lunes, 11 de febrero de 2008

Gastón Gaudio



"Autoexigencia, hipersensibilidad, negatividad y otra laguna mental que lo venció, lo doblegó y logró sacarlo del partido. Uno de esos estancamientos psicológicos que hacen que sufra y que al tenis le duela.
Una larga historia de amor entre Gastón y la raqueta que vuelve a interrumpirse ¿definitivamente? por un tercero: su propia mente."
(Fragmento extraído de una nota mía realizada para Deportea el 1ro de Junio del 2007. Aquel día, Gaudio fue eliminado por Lleyton Hewitt de Roland Garros pese a haber ganado los dos primeros sets del partido)



Que lejos queda Temperley cuando los gritos se oyen desde Francia, que lejos los cánticos en La doble visera si hoy, después del papelón, te vapulean en tu propio país, tus hinchas y tus compatriotas. Distante esa paz al son de la electrónica y el funk cuando ya no sos el diez del mundo y estás sumido en una profunda depresión tenística. Allá el 2005 y sus efímeras condecoraciones y acá esos 2008 insultos que propinó y propinará este felino en el siglo del cibercafé y la terapia.

Un personaje que hace tiempo se comió a su persona y con escarbadientes esparce restos de éste Gaudio versión "toda la vida jugando al tenis y no mejoré ni un poco", que no aprenderá jamás de los errores y tropezará demasiadas veces con la misma...pelotita



Un gato que de felix no tuvo ni el bigote y que decidió ser predecible por ese cascabel que Samaniego le colocó en un apagar de sueños. Que intentó que la impotencia no lo incitase a romper un pantalón en Qatar, que la ira no le sugiriera discutir contra la joven estrella europea en Montecarlo y que la resignación no lo hiciese quedar zapatero y ponerle brillo al zar del tenis indoor en Shangai, pero no pudo, no supo.

Con bronca y sin botas, este gatuno no admirará la sombra de su presente cautiverio ni creerá en el oráculo que ningún dios le baje desde el templo de Salomón. Tampoco se quitará la gorra ante nadie, ni aún creyéndose el cuento del más miserable, porque siempre tuvo presente en el fondo de su pesimista verborrea que, junto al gigante y a la enorme, fue el único que pudo batir la tierra en suelo galo y pincelar de drive el Phillippe Chatrier. Ah y llorar, de alegría.



Nunca tuvo el alma de hielo ni la cabeza fría, y es por aquello que no alcanzó a reconciliarse con su carácter, ni a dejar de sufrir en cualquier superficie que le diera batalla. Por esto y otro par de malabares con su cabeza, la trayectoria del catedrático de la doctrina “que mal que la estoy pasando” quedará signada como ese último tiro, con soplido de cubilete, en el que hasta los dados tiemblan y rezan por verse involucrados en su propia concepción de quintillizos. Generala o tachar la doble.


Una noche de éstas, como tantas otras en las que dio ventajas, pernoctará y contará ovejas de errores no forzados juzgando ese “game over” de revés que le costó su altar pagano y el despojo de su patrimonio deportivo. Y será la crónica de un retiro tan anunciado que valdrá su propio peso en oro. Así nomás se irá el micifuz de las cien mil y ningún sonrisas, entre insomnio, ronroneos y maullidos, sabiendo distinguir las dos caras que su raqueta le supo mostrar. Ésa en la que fue rey indiscutido del polvo y ésta en la que tiene que limpiarlo de su rostro cuando ese drop pegó en el fleje y la bomba de miedo se hundió para siempre de su lado y en su gorra, que finalmente se cayó.



Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso

domingo, 17 de junio de 2007

Daniel Marcelo Schapira






Es menester para poder ahondarnos mas en el personaje de la fecha que se tenga en cuenta cierto contexto:


24 de Marzo de 1976. Fecha que eriza la piel y angustia el alma.


El Golpe Militar:


Todo terminó a la una de la madrugada del 24 de marzo de 1976 cuando el general José Rogelio Villarreal le dijo a Isabel Martínez de Perón: "Señora, las Fuerzas Armadas han decidido tomar el control político del país y usted queda arrestada".O todo comenzaba. Es cierto: el país no estaba bien. Había inflación, crisis sindical, violencia y una sensación de ingobernabilidad absolutamente real. Pero lo que se iniciaba esa fatídica madrugada sería peor. Asumía el control del país una Junta de Comandantes en Jefe integrada por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier Orlando Agosti. "Control del país" significó, entre otras cosas, disolución de los partidos políticos y del Congreso, anulación de la libertad de prensa y expresión, reemplazo de la Corte Suprema de Justicia, supresión de toda actividad política y sindical, entrega económica. Y, fundamentalmente, muerte. Una pena de muerte disfrazada para "quienes causaren daño a medios de transporte, de comunicaciones, usinas, instalaciones de gas o agua y otros servicios públicos; para los que contaminaren el agua, los alimentos y las medicinas; para los que causaren daños con explosiones o incendios; para los que sean sorprendidos infraganti y no acaten las intimaciones, o se enfrenten con las fuerzas de seguridad", pero en realidad significaba para todo el país que no acatara las órdenes, por más irracionales que fueran.
Comenzaba el mayor genocidio de la historia nacional. El terroriso de Estado ocupaba los sillones. El plan de exterminio estaba en marcha. La Argentina, los argentinos, nunca más serían los mismos.


Si por "X" motivo saltearon la lectura que se encontraba arriba, o prescindieron de algun párrafo, vuelvan a leerla, ya que es fundamental para situarnos en el contexto y el momento que vivía la argentina.


Ahora sin omitir información fundamental podemos comenzar a conocer más sobre éste personaje. Su anonimato no quita que sea de los mas jugosos a la hora de exprimir su vida.


"Los pueblos siempre recuerdan, pero una forma de ayudarlos (y ayudarnos) es describir como era el pasado cuando aún era presente. Recordar es vivir en el pasado, que es siempre una morada, y no hay olvido capaz de demolerla". Mario Benedetti

Daniel Schapira fue secuestrado el 7 de abril de 1977 por un grupo de tareas, cuando viajaba en un colectivo por San Juan y Boedo. Tenía 27 años.
Era profesor de tenis del club Macabi, estuvo tres veces entre los diez mejores del ránking nacional y hasta se enfrentó a Guillermo Vilas, que por aquel entonces era tan sólo un "zurdito marplatense con un revés muy enroscado". El partido lo ganó Vilas, pero Schapira tras el duelo aseguró que podría haberlo ganado. Y así fue, puesto que Daniel jugaba muy bien, era un fabuloso singlista y un doblista excepcional.
Al margen de su gran pasión, el tenis, nunca dejó de lado sus pensamientos e ideas. Por el año 1973 se lo vio en una marcha en contra del derrocamiento del gobierno democrático del chileno Salvador Allende en manos del dictador y genocida Augusto Pinochet.

Su gran nivel intelectual y sus avanzados conocimientos sobre Derecho, carrera que estudiaba, lo llevaron a intervenir en la cátedra de Derecho Constitucional. Luego estuvo en Córdoba, donde se desempeñó como un importante cuadro de la JUP (Juventud Universitaria Peronista) y allí en 1976 , en plena Dictadura, fue perseguido y recibíó tres balazos. Malherido logró escapar en tren a Buenos Aires, donde pese a ser intensamente buscado se comunicaba con su hermano, también tenista, para decirle que táctica debía utilizar ante tal o cual rival. Tiempo después fue secuestrado.
La historia es aún mas trágica y dolorosa. Ocho meses pasados de su secuestro nació su hijo, a quien se lo llamó Daniel, en honor a su padre. Schapira jamás se enteró que su esposa Andrea Yankilevich, la cual también fue secuestrada en Julio de 1978 y que aún continúa desaparecida, estaba embarazada. El bebé fue devuelto a su abuela materna. Hoy ese chico sigue con vida y milita en H.I.J.O.S.

Dani fue conducido a la ESMA donde se lo sometió a condiciones inhumanas de vida. Se lo torturó con golpes y descargas de corriente eléctrica para obligarlo a proporcionar información. Permanece desaparecido. Un torturador, que se hacía llamar "El Trueno", se jactaba en la ESMA de haber conseguido en Estados Unidos unos dardos con altas dosis de veneno que se tiraban con armas de fuego.

""Una mañana "El Trueno" eligió al azar uno de los centenares de huéspedes que se hacinaban en "Capucha". Lo hizo llevar al sótano y decidió hacer un experimento. El "conejito de Indias" fue Daniel Schapira. Daniel pensó que lo iban a fusilar cuando "El Trueno" le ordenó ponerse de cara a la pared. Estaba muy débil y aún no se había repuesto de las heridas de bala y las sesiones de picana. "El Trueno" apuntó cuidadosamente y luego le disparó con una pequeña pistola. Daniel se desplomó y durmió durante más de un día", prólogo del libro "Recuerdos de la muerte" de Miguel Bonasso.

Intelectual, leal, idealista y por sobre todas las cosas un tipo genial. Un tipo genial que ya no está. El tenis durante muchos años no le rindió un merecido homenaje a alguien como Daniel. Desde aquí yo, por mas humilde que sea, se lo rindo. Match point contra el olvido y grito con fuerza y voz firme: Daniel Schapira, !Presente!.




Recuerdos, poema de Rodrigo Carrillo


Busco
la hebra exacta
para comenzar
a desenredar
el ovillo de recuerdos
y olvidos
que dejan
maniatado el corazón

Busco
una aguja
para seguir
pinchándole
el pulgar a la nostalgia




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